La promesa de Pisa – Mano Bouzamour

img_0412Llegué a La promesa de Pisa porque varios caminos me llevaron a esta novela. Primero, la pasada FILBO tuvo como país invitado a Holanda, que trajo entre su oferta de nuevos escritores a Mano Bouzamour. Segundo, desde hace un tiempo sigo lo que edita Rey Naranjo en ficción (Gramática Pura, que leí hace unos meses es uno de ellos), ya que es una selección variada y siempre fresca. Y en tercer lugar, a modo de señal, una querida amiga holandesa es cercana a Mano y me puso su novela como el objetivo a conseguir en la Feria. Digamos que todo estaba dado para encontrarnos y con sus defectos, no me ha decepcionado.

La promesa de Pisa es una desenfadada novela, cuya traducción al español (primera traducción que se le hace) sufre un poco por capturar ese holandés callejero y multicultural, que se alimenta del francés, del alemán y del árabe. Aún así, la novela logra contar una Ámsterdam que se disfraza de corrección política pero pone en tela de juicio la verdadera inclusión de los de afuera, en este caso, los marroquíes.

A modo muy cinematográfico (de hecho, me cuentan que la película está siendo rodada ahora mismo), Bouzamour construye una historia rápida, coloquial, que aterriza la alta cultura en personajes, especialmente Sam, que la binaridad de los estereotipos supondría alejados de cualquier atisbo de sofisticación o de capacidad de creación artística. A la velocidad de una Scooter por las calles de Ámsterdam, Bouzamour destruye los clichés de la Holanda blanca, poderosa y culta, frente al Otro, el árabe, ladrón y sin futuro. Una canción contradictoria entre duros puños que rompen caras y suaves dedos que entonan melodías de Bach en frente de las más cosmopolitas audiencias. Las dos Europas, la alta y la baja, se estrellan en medio de juventud, nacionalismo, aventura, sexualidad, inteligencia y prejuicios.

En términos generales, La promesa de Pisa es una novela que logra su propósito, y sin deber mucho, se interna en lo local, en lo coloquial, en las calles para contar la historia de un holandés de piel café, que se burla de la ingenuidad de los políticamente correctos blancos, usando su origen, color, sex appeal exótico a su favor. Un otro que se adapta y se erige como una lectura compleja, contradictoria y poderosamente atrayente. Un lugar intermedio donde las inseguridades de la homogeneidad afloran al no poder encasillar y vencer a los personajes que rompen ese molde. La promesa de Pisa juega con los estereotipos y evidencia que estos son invenciones de la humanidad para facilitarse la vida y no ponerse en juicio a sí misma, recurriendo fácilmente al discurso xenófobo y polarizante ante una realidad que es mucho más compleja y difícil que eso. La prueba de ello la vemos todos los días

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