Dublineses – James Joyce

Dublineses Jjoyce Un conjunto de cuentos genialmente logrados -por algo estás dentro de los putas de la literatura universal, mi querido James, ya lo entiendo. Sí que sí y para sorpresa mía que estaba bastante renuente a creer que Joyce fuera el más, pero es que tantas decepciones me he llevado por ahí con escritores que dicen por ahí son los buff pero nada que ver. Sin embargo, Joyce no fue así. Me fue muy bien con sus cuentos, me llenaron pa’ que. No le había leído nada, acepto, pero es que entiendan, el Ulises ese es demasiado largo y uno en esta lid de la literatura como carrera profesional tiene tiempo pa’ todo menos pa’ leer de verdad, y con tanto libro intrascendente que pintan como la última coca-cola del desierto uno prefiere curarse en salud y volverse más escéptico y PEREZOSO. Como todo en la vida. Pero con James quedé en la buena. Vamos a ver cuándo hay buen tiempo para leerse Finnegan’s Wake, que es la que más me suena. Y cuando me jubile por allá a los 70 me leeré el Ulises -bueno, tampoco, pero sí cuando se tenga harto tiempo libre y de sobra. Pero volvamos a los Dublineses.

 

La atmósfera de todos los cuentos es fantástica. Me llamó verdaderamente la atención. Cómo los paisajes, los personajes, las historias, a pesar de toda la carga, se veían con gran color. Y un color peculiarísimo. Esa mezcla de ciudad del norte, nublada y siempre lluviosa a la par de historias vivas, de seres vivos y frustados. ¡Si sufrís, felicitaciones, estás vivo!. El gris, de un cielo, de una imposibilidad, la oscuridad de un estancamiento, la luz de una ventana abierta. Así se me hicieron los cuentos cortos de Joyce. Todos como un universo completo que existian por sí mismos en ese Dublín literario tan bien construido, dentro de esa escritura de la ciudad y sus gentes. Y todo pintado a través de un solo elemento: el lenguaje. Es ahí donde creo que se da el gran Joyce. No son las tramas. No es la compleja elaboración de los personajes. Es en el lenguaje donde se siente el gran genio de mi nuevo amigo Joyce. No se puede ignorar esto. Ese color del que hablo es esto, puro lenguaje. Al punto que esa fue la cuestión que más me inquietó durante la lectura. Resulta innegable la cuestión de la profundidad temática de los cuentos en Dublineses. Son de una intensidad que solo un grande podría meter en tan pocas páginas sin hacerlo a las patadas y salir airoso. Exploran muchísimos aspectos que retratan -in Technicolor– una gris realidad, densa y abrumadora, nadie a dicho que no. Pero el lenguaje. Ahí está la cosa. En ningún momento leí a Joyce sin estar pensando en la lengua, en las palabras, en la traducción, es SU inglés -no, el mío no, es muy pachuco- y pensaba cómo sería ese color en lengua inglesa. ¿Sería el mismo? ¿Sería otro? Leo el lenguaje de James Joyce, o es solo un efecto de traducción. Y sentía la nostalgia de la lectura mediatizada por traducción -y exageradamente conciente por lo cual me frustraba y me hacia medio sufrir por eso-, por lo cual anuncio una decisión: procuraré una próxima lectura, pero esta vez no de Dublineses, sino de Dubliners. Así de sencillo. A Joyce en inglés. Porque así quiero captarlo todo, todito, porque repito que creo que es en el lenguaje donde está la mayor parte de la cosa. Ahh, y sí, por eso, y lo demás, Joyce está bien metido entre los duros. No me decepcionó. Ahora aspiro a su controvertida Finnegan’s Wake, la más lenguaje de todas dicen y eso tiene que ser heavy.

Abadía Vernaza

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